domingo, 31 de enero de 2010

Meditaciones para desarrollar el amor y la felicidad

Hoy veremos algunas meditaciones recomendadas por el padre Anthony de Mello, extraidas de su libro Una llamada al Amor.
Tal vez te preguntes que tiene que ver esto con nuestro propósito de crear abundancia en nuestra vida...sin embargo, la ley de atracción es la ley del amor...si tu no sabes amar...o amarte, nunca podrás atraer nada bueno a tu vida...por lo tanto, partamos por el principio, y aprendamos a Amar...si, con mayúscula...Amor=Dios, aprendamos a conocer a Dios, a vivirlo en el Amor...y todo se te dará por añadidura, esa es su promesa...asi es que manos a la obra, y meditemos en el Amor.

MEDITACION 4
"... Y el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes"
(Mc. 10,22)
¿Has pensado alguna vez que has sido "programado" para ser infeliz y
que, por lo tanto, hagas lo que hagas para obtener la felicidad, estás
abocado al fracaso?
Es como si introdujeras una serie de ecuaciones matemáticas en un
ordenador, y éste fallara casa vez que pulsas el teclado para obtener
un pasaje de Shakespeare.
Si quieres ser feliz, no necesitas hacer ningún tipo de esfuerzo; ni
siquiera necesitas buena voluntad o buenos deseos, sino comprender
con claridad de qué manera has sido "programado" exactamente. Lo
que ha ocurrido es lo siguiente: primero, tu sociedad y tu cultura te
han enseñado a creer que no puedes ser feliz sin determinadas
personas y determinadas cosas. Echa un vistazo a tu alrededor, y por
todas partes verás personas que en realidad han construido sus vidas
sobre la creencia que sin determinadas cosas - dinero, poder, éxito,
aceptación, fama, amor, amistad, espiritualidad, Dios... - no pueden ser
felices. ¿Cuál es la combinación exacta en tu caso?
Una vez que te has "tragado" tu creencia, has desarrollado
instintivamente un especial apego a esa persona o cosa, sin la que
estabas convencido de no poder ser feliz. Luego vinieron los
consabidos esfuerzos por adquirirla, aferrarte a ella una vez conseguida
y eliminar toda posibilidad de perderla. Todo ello te llevó finalmente a
una servil dependencia emocional de ella, hasta el punto de concederle
el poder de hacerte estremecer al conseguirla, de angustiarte ante la
posibilidad de verte privado de ella y entristecerte en el caso de
perderla efectivamente. Detente ahora por unos momentos y
contempla horrorizado la lista interminable de ataduras que te tienen
preso. Piensa en cosas y personas concretas, no en abstracciones...
Una vez que tu apego a ellas se hubo apoderado de ti, comenzaste a
esforzarte al máximo, en cada instante de tu vida consciente, por
reordenar el mundo que te rodeaba, en orden a conseguir y conservar
los objetos de tu adhesión. Es ésta una agotadora tarea que apenas te
deja energías para dedicarte a vivir y disfrutar plenamente la vida.
Pero, además, es una tarea imposible en un mundo que no deja de
cambiar y que tú, sencillamente, no eres capaz de controlar. Por eso,
en lugar de una vida de plenitud y serenidad, estás condenado a vivir
una vida de frustración, ansiedad, preocupación, inseguridad,
incertidumbre y tensión. Durante unos pocos y efímeros momentos, el
mundo, efectivamente, cede a tus esfuerzos y se acomoda a tus
deseos, y gozas entonces de una pasajera felicidad. Mejor dicho:
experimentas un instante de placer, que en modo alguno sustituye la
felicidad, porque viene acompañado de un difuso temor a que, en
cualquier momento, ese mundo de cosas y personas que con tanto
esfuerzo has conseguido construir escape a tu control y te llene de
frustración, que es algo que, tarde o temprano, acaba siempre por
suceder.
Hay algo aquí que conviene meditar: siempre que te encuentras
inquieto o temeroso, es porque puedes perder o no conseguir el objeto
de tu deseo, ¿no es verdad? Y siempre que sientes celos, ¿no es
porque alguien puede llevarse aquello a lo que tú estás apegado?
¿Acaso tu irritación no se debe a que alguien se interpone entre ti y lo
que deseas? Observa la paranoia que te entra cuando ves amenazado
el objeto de tu adhesión o de tu afecto: no eres capaz de pensar con
objetividad, y toda tu visión se deforma, ¿no es así? Y cuando te
encuentres fastidiado, ¿no es porque no has conseguido en suficiente
medida lo que tú crees que puede hacerte feliz o por lo que sientes
apego? Y cuando estás deprimido y triste, ¿acaso no ve todo el mundo
que es porque la vida no te da aquello sin lo que estás convencido de
que no puedes ser feliz? Casi todas las emociones negativas que
experimentas son fruto directo de un apego de este tipo.
Así pues estás agobiado por la carga de tus ataduras... y luchando
desesperadamente por alcanzar la felicidad precisamente aferrándote a
dicha carga. La sola idea es verdaderamente absurda. Pero lo trágico
es que ése es el único método que nos han enseñado para lograr la
felicidad (un método seguro, por otra parte para producir desasosiego,
frustración y tristeza). A casi nadie le han enseñado que, para ser
auténticamente feliz, una sola cosa es necesaria: desprogramarse,
liberarse de esas ataduras.
Cuando uno descubre esta palmaria verdad, le aterra pensar el dolor
que pude suponerle el liberarse de sus ataduras. Pero lo cierto es que
no se trata de un proceso doloroso, ni mucho menos. Al contrario:
liberarse de las ataduras constituye una tarea absolutamente
gratificante, con tal de que el instrumento empleado para ello no sea la
fuerza de voluntad ni la renuncia, sino la visión. Todo cuanto tienes que
hacer es abrir los ojos y ver que, de hecho, no necesitas en absoluto
eso a lo que estás tan apegado; que has sido programado y
condicionado para creer que no puedes ser feliz o que no puedes vivir
sin esa persona o cosa determinada. Seguramente recuerdas la
angustia que experimentaste cuando perdiste a alguien o algo que era
para ti de incalculable valor; probablemente estabas seguro de que
nunca más volverías a ser feliz. Pero, ¿qué sucedió después? Pasó el
tiempo, y aprendiste a arreglártelas perfectamente, ¿no es así? Aquello
debería haberte hecho ver la falsedad de tu creencia, la mala pasada
que estaba jugándote tu mente "programada".
Un apego no es un hecho. Es una creencia, una fantasía de tu mente,
adquirida mediante una "programación". Si esa fantasía no existiera en
tu mente, no estarías apegado. Amarías las cosas y las personas y
disfrutarías de ellas; pero, al no existir la creencia, disfrutarías de ellas
sin ataduras de ningún tipo. ¿Existe, de hecho, otra forma de disfrutar
realmente de algo? Pasa revista a todos tus apegos y ataduras, y dile a
cada persona u objeto que te venga a la mente: "En realidad no estoy
apegado a ti en absoluto. Tan sólo estoy engañándome a mí mismo
creyendo que sin ti no puedo ser feliz" Limítate a hacer esto con toda
honradez, y verás el cambio que se produce en ti: "En realidad no
estoy apegado a ti en absoluto. Tan sólo estoy engañándome a mí
mismo creyendo que sin ti no puedo ser feliz".

Ojalá pudieramos comprender que mientras vivamos apegados a algo o a alguien, estamos hipotecando nuestra libertad, nuestra felicidad y por supuesto nuestro crecimiento...
Más adelante veremos otras meditaciones de Anthony de Mello...a ver si abrimos nuestro entendimiento y nuestro corazón, para que el amor, la felicidad y la abundancia entren a raudales en nuestra vida.